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¿SOMOS TAN INOCENTES COMO PARECEMOS?

Escuchamos y comentamos frecuentente sobre los abusos de los gobernantes, la corrupción, el autoritarismo, entre muchos otros.
Rousseau escribió:
Se sigue de todo lo que precede que la voluntad general es siempre recta y tiende a la utilidad pública, pero no que las deliberaciones del pueblo tengan la misma rectitud. Se quiere siempre el bien, pero no siempre se sabe dónde está, nunca se corrompe al pueblo, pero frecuentemente se le engaña y solamente entonces parece querer lo malo

Es decir, aun cuando los gobernantes utilicen estratagemas psicológicas, por ejemplo los sofismas populares (argumentum ad populum), para inducir el paralogismo y lograr sus perversos fines cuando los haya, queda claro que al pueblo lo confunden más no lo corrompen tales estratagemas. Dado que la aseveración de Rousseau parte del supuesto de un pueblo no corrompido, se sigue que un pueblo corrupto es responsable de su propia tragedia.

De esta manera, emerge la pregunta del título ¿Es tan inocente el pueblo cuando escoge una y otra vez a personas corruptas, delincuentes semidisfrazados, personas que ya han mostrado su poca ética y moral?

LA UPEL Y SU FUTURO

El problema de la UPEL es profundo y complejo. Para nadie es un secreto la pérdida del capital social de este microcosmos llamado UPEL.

Al igual que Einstein mostró cuan equivocado estaba el sentido común en cuanto a la suma de velocidades cuando se trataba de la luz, igual el sentido común parece que engaña a muchos cuando concluyen que la ética y la moral, y por extensión el respeto a los DDHH, son cuestión de educación formal y que, por ende, mientras más profesionales tenga una nación, mejor será su calidad en esos tópicos.
La creencia tiende a acentuarse más cuando pensamos en personas que han obtenido instrucción universitaria. Es de propensión general aceptar a priori que estos profesionales, por poseer conocimientos técnicos-científicos, lo cual supuestamente deriva en más y mejores herramientas lógico-racionales, cometen menos faltas y violaciones en los asuntos antes tratados y que su vida está orientada más a lo ético y moral y el respeto a los DDHH que el resto de los ciudadanos.
Si ahora hablamos de un maestro o profesor, esta creencia aumenta considerablemente, lo cual es fácil de observar en la vida cotidiana cuando notamos una abierta deferencia en el trato hacia el docente, el cuido del lenguaje y una predisposición implícita a aceptar su autoridad, entre otras particularidades. Pero el premio mayor lo llevan los meta formadores: los profesores universitarios cuya misión es formar a los docentes del país: éstos están colocados en el pináculo de la virtud. Lo axiológico se supone el eje sobre el que giran todas sus acciones educativas, el riel sobre el que hacen marchar la carrera del nuevo educador, el combustible del fuego puro que hornea, cual sagrado sanko Inca, al carácter y temperamento del futuro docente, que luego es ofrendado a la comunidad, para que transmita, sirviendo a la vez como medio y modelo, el legado ético sabiamente adquirido.
Pero la realidad nos muestra un cuadro brutalmente diferente.
Sabemos que la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), es la principal casa de estudios de Venezuela en cuanto a la formación de docentes.
Salvando la honorabilidad de aquellos que han mantenido una actuación conforme, digna y respetable, hay que reconocer que en la UPEL, hablando en términos relativos al número de su población y a la condición excepcional como meta formadores de los docentes que allí laboran, es alarmante no solo el número de casos relacionados con la ausencia de criterios morales y éticos que se exteriorizan en el quehacer diario, de los que dan fe los abundantes y variopintos casos, sino también a serias violaciones de las leyes de la república y al propio reglamento interno de esta institución. Estas faltas, con muy poca excepción, derivan en situaciones de violación a los DDHH.
Además de las violaciones a las leyes de la república y el Reglamento interno y normativas de la misma UPEL, se puede mencionar que la impunidad, los abusos, la discriminación, el ultrajante nepotismo, la inequidad y las injusticias y los casos de corrupción administrativa se suceden con una frecuencia alarmante. La situación es casi de complicidad generalizada, ya sea por acción o por omisión dado que muchos, aun siendo correctos en su devenir laboral diario, deciden no intervenir ante las violaciones a las leyes en general y los DDHH en particular, por temor a las represalias. Las luchas por el "poder" propicia situaciones aberrantes. Aquí se aplica muy bien lo que decía Friedrich Wilhelm Nietzsche: La esclavitud, así como las castas, son cosa necesaria para la formación de un organismo superior. Aspirar a los honores es pedir el reconocimiento de su propia función. La obediencia es coacción, condición de vida, y, finalmente, estímulo vital. El que es más fuerte para imponer sus funciones a los demás, domina; pero los sometidos tienen a su vez otros sometidos, tienen que sostener una continuada lucha.
Sólo se escuchan comentarios en voz baja y las conversaciones privadas al cobijo de los cubículos u oficinas privadas. El famoso premio Nobel William Golding, en su célebre libro “El Señor de las Moscas”, narra cómo surgía y operaba el mal, la traición y destrucción en los grupos de poder y la generación de temor y miedo de parte de los mismos. El espíritu del mensaje de éste escritor describe en diversos aspectos como han llegado a operar muchos de estos grupos de poder en la UPEL.
El deterioro del clima organizacional es evidente a todas luces y el alto nivel de alineación de los que en este instituto laboran, genera un ambiente de desconfianza, intolerancia, discriminación, acoso y persecuciones mutuas e intergrupales. Los vicios son innumerables y la mayoría de las acciones o decisiones están sujetas a intereses subalternos; la transparencia es casi nula. La sinergia es pequeña, breve y localizada y casi que forzada, prevaleciendo un ambiente de singular entropía que se traduce en desorganización, ineficacia e ineficiencia. Esto lo perciben incluso personas ajenas a la UPEL cuando, por alguna circunstancia, se acercan y relacionan por un espacio de tiempo determinado con la institución, lo cual evidencian con un cambio drástico de opinión sobre esta casa de estudios y mediante los negativos comentarios en relación a la misma. Considero importante subrayar que las situaciones mencionadas son de común y general conocimiento de la población UPELISTA y nada es exagerado o producto de una mente febril.
Todos sabemos que tanto los vicios como las virtudes que el docente tenga serán asimilados, modelados y transmitidos por aquellos que, a su vez, serán facilitadores del conocimiento y modelos de conducta en todos los niveles de la sociedad. Nunca un producto malogrado será tan destructivo como cuando se trata de un maestro o profesor, docente en general, con serias debilidades en lo moral y ético, desconocedor y violador de los DDHH. El daño que produce un malformado docente crece en proporciones geométricas y se extiende cual peste. Así, las debilidades que tenga el meta formador serán recicladas y agravadas por los propios vicios de los estudiantes, convirtiéndose en un serio y perjudicial factor de deterioro social.
Es necesario aclarar que no es de mi ánimo el de acusar y mucho menos difamar. Tampoco se trata de presentar una visión dicotómica del asunto, coherente con el principium tertium exclusum (principio del tercero excluido). El asunto trasciende a esa pretensión dicotómica de si se es ético o no, delincuente o no. Todo lo contrario, es mi confusión ante estos fenómenos ya descritos, los retos al sentido común que plantea el inesperado, incomprensible y contradictorio comportamiento de cierto número de docentes de la UPEL en relación a su conducta ética y moral y la propensión a la violación de los DDHH, lo que me aguijonea y estimula para enviar esta misiva, la cual concluyo con una interrogante:

En base a la situación actual en relación a la violación de los DDHH, es viable la UPEL a mediato plazo?
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